El siglo de las luces


Alejo Carpentier (mestre da literatura cubana contemporânea).
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Detrás de él en acongojado diapasón, volvía el Albacea a su recuento de responsos,crucero, ofrendas,vestuario,blandones,bayetas y flores, obituario, y réquiem, sin que la idea de la muerte acabara de hacerse lúgubre a bordo de aquella barca que cruzaba la bahía bajo un tórrido sol de media tarde, cuya luz rebrillaba en todas las olas, encandilando por la espuma y la burbuja, quemante en descubierto, quemante bajo el toldo, metido en los ojos, en los poros, intolerable para las manos que buscabana un descanso en las bordas. Env uelto en sus improvisados lutos que olían a tinta de ayer, el adoslecente miraba la ciudad .....

Mucho les había afectado la muerte del padre, ciertamente. Y sin embargo, cuando se vieron solos, a la luz del día, en el largo comedor de los bodegones embetunados-faisanes, y liebres entre uvas, lampreas con frascos de vino, un pastel tan tostado que daban ganas de hincarle el diente-hubieran podido confesarse que una deleitosa sensación de libertad los emperezaba en torno a una comida encargada al hotel cercano-por no habe rse pensado el mandar gente al mercado. Remigio había traído bandejas cubiertas de paños, bajo los cuales aparecieron pargos almendrados, mazapanes, pichones a la crapaudine, cosas trufadas y confitadas, muy distintas de los potajes y carnes mechadas que componian el ordinario de la mesa. Sofía había bajado de bata, divert ida en probarlo todo, en tanto Esteban renacía al calor de una garnacha que Carlos proclamaba excelente...
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...Si extraño-forastero- se había sentido Esteban al entrar nuevamente en su casa, mas extraño,- mas forastero aún-se sentía ante la mujer harto reina y señora. de esa misma casa donde todo, para su gusto, estaba demasiado bien arr eglado, demasiado limpio, demasiado resguardado contra golpes y daños."Todo huele aquí a irlandés", se dijo Esteban, pidiendo permiso(eso:"pidiendo permiso"), para darse un baño, baño a donde lo acompaño Sofía, por costumbre, quedándose a charlar con él hasta que sólo le faltara quitarse el último calzón."Tanto misterio con lo que yo he visto tantas veces, dijo ella riendo al tirarale un jabón de Castilla por encima de la mampara. Almorzaron solos, luego de que Esteban , dándose una vuelta por la cocina y despensa, hubiese abrazado a Rosaura y Remigio, alborotados y alborozados , iguales a como los dejara:ella en salerosa estampa, él en indefi nida media edad de negro destinado a correr un siglo cabal de vida en los reinos de este mundo.

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